
Europa será en el futuro un espacio pluricultural y multiétnico en el que vivir. Debemos a prender a convivir, para evitar el crecimiento de la intolerancia y esto es especialmente importante en el caso de niños y jóvenes. Debemos educarles desde y con valores democráticos.
Nunca como ahora formamos parte toda la humanidad de una aldea global, interrelacionada por los medios de comunicación y caracterizada por la integración, el universalismo y la globalización. El mundo se ha convertido en una plaza grande donde se mueven gentes de todas las razas y culturas, y en un gran mercado en el que libremente transitan capital, tecnología, recursos, empresas y productos.
En saber armonizar esa dimensión universalista abierta y esa conveniente lealtad étnica y patria, consiste el desafío del futuro. Si el equilibrio se rompe, suele hacerse por el punto más flojo y débil, que es la “abstracta” dimensión universalista. Parece ser que en caso de conflictos de lealtades y competencias de recursos, se incrementa el particularismo étniconacional con el rechazo del “otro y del diferente”, recrudeciéndose los prejuicios y la búsqueda de chivos expiatorios; y por eso mismo, por lo que hay que mantener la cabeza clara y el corazón abierto.
El multiculturalismo es un bien enriquecedor para una sociedad, si recíprocamente saben dialogar interculturalmente, respetando unos valores y normas mínimas de convivencia, como son el respeto a los derechos humanos y a las leyes constitucionales.
En ASTREA-ICSCE apostamos por una educación desde la democracia, desde el respeto y la integración por las diferentes culturas convencidos de que, desde esta postura, se consigue una convivencia enriquecedora para todos los individuos. Debemos dar la oportunidad a nuestros jóvenes de experimentar prácticas multiculturales, integradoras, apostando que, con ello, se convertirán en adultos abiertos que sepan y puedan convivir en una sociedad multicultural beneficiándose de las ventajas que ésta implica.